La posibilidad de que las dos hinchadas vuelvan a convivir en las canchas de la Ciudad de Buenos Aires parece ser, al menos por ahora, un debate clausurado para el gobierno local. En declaraciones recientes, Jorge Macri fue contundente al señalar que existe una brecha entre el discurso público y la voluntad privada de los directivos de los clubes. Según el mandatario porteño, la mayoría de las instituciones que atraviesan un presente exitoso ya tienen su capacidad colmada por socios y abonados locales, lo que elimina cualquier incentivo económico o logístico para ceder espacio a la parcialidad rival. Para aquellos clubes que no logran llenar sus tribunas, el costo de un operativo de seguridad de alta complejidad resulta prohibitivo, convirtiendo la vuelta de los visitantes en un problema más que en una solución.

Comportamiento y seguridad: la materia pendiente

Más allá de los balances contables, el factor cultural y la seguridad ciudadana siguen siendo los principales obstáculos. Macri subrayó que todavía no se ha producido un salto cualitativo en la conducta de los hinchas que permita garantizar un espectáculo pacífico sin recurrir a despliegues policiales masivos. En este sentido, destacó un cambio de paradigma en la concurrencia a los estadios, donde hoy predomina un ambiente más familiar y una interacción social del socio con su club que las autoridades prefieren resguardar antes que arriesgarse a retroceder a épocas de mayor conflictividad.

"Más allá de que los directivos digan en la pública que quieren visitantes, no los quieren. Los clubes exitosos no quieren compartir sus estadios y los demás no quieren afrontar operativos costosos", sentenció el mandatario.

El contraste entre lo local y lo internacional

El escenario actual de los estadios porteños presenta una curiosa contradicción operativa que solo se quiebra por exigencias externas. Mientras que en el ámbito doméstico la prohibición es absoluta, la normativa de la Conmebol obliga a los clubes que participan en la Copa Libertadores o Sudamericana a recibir parcialidades visitantes, demostrando que la infraestructura está disponible pero la voluntad política local permanece firme. A pesar de intentos aislados de pruebas piloto, como el enfrentamiento entre Argentinos Juniors y Excursionistas en el Nuevo Gasómetro durante el año pasado, estas experiencias no han logrado generar el impulso suficiente para modificar una política de seguridad que ya lleva años instalada en el fútbol de la Capital.